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Resiliencia Cibernética: La Clave para Enfrentar Amenazas Exponenciales

En el ámbito de la ciberseguridad, la pregunta que ha dominado el debate reciente es: ¿cuándo estaremos completamente a salvo de un ciberataque? La respuesta, por dolorosa que sea, es que probablemente nunca alcanzaremos ese estado de seguridad absoluta. Sin embargo, lo más preocupante es que la formulación de esta pregunta ya no es la correcta. En lugar de centrarnos en la prevención total de ataques, deberíamos evaluar cuán preparados estamos para resistir y responder a ellos. Esta filosofía es respaldada por el informe Panorama Global de Ciberseguridad 2026, elaborado por Accenture y el Foro Económico Mundial, que destaca que el riesgo cibernético ha evolucionado de ser un mero problema técnico a una cuestión estratégica y social que afecta a múltiples sectores de nuestra sociedad.

Los datos son alarmantes: en 2025, un 73% de los ejecutivos admitieron haber sido víctimas de fraude cibernético, lo cual no es solo un número impactante, sino un reflejo de que los ciberataques ya no son dirigidos únicamente a entidades anónimas, sino a personas en posiciones de autoridad. Este cambio en la naturaleza de las amenazas cibernéticas es una señal clara de que el crimen cibernético, con recursos que superan incluso el PIB de varios países, ha dejado de ser una preocupación exclusiva de las áreas de TI. Ahora se presenta como un desafío macroeconómico que las juntas directivas deben enfrentar con urgencia y seriedad.

La inteligencia artificial (IA) juega un papel fundamental en esta nueva era de ciberseguridad. Aunque un 94% de las organizaciones reconocen a la IA como el principal motor de cambio en este ámbito y un 77% la utilizan para mejorar su seguridad, el fraude alimentado por IA ha crecido a niveles preocupantes. Esta situación ha llevado a que los CEOs la consideren su nueva preocupación número uno, incluso superando amenazas como el ransomware. Con un 87% de las empresas identificando las vulnerabilidades de la IA como el riesgo de más rápido crecimiento, nos encontramos en una situación paradoxal: nos defendemos utilizando la misma herramienta que puede amenazarnos.

Además, la geopolítica añade una capa de complejidad al panorama de la ciberseguridad. En el contexto actual, un 64% de las organizaciones ha comenzado a incorporar los ataques cibernéticos geopolíticos en su estrategia de seguridad. Sin embargo, solo el 43% de los CEO confía en que sus gobiernos responderían adecuadamente ante tales agresiones. Un caso trágico se presentó en 2025, cuando un exchange de criptomonedas perdió más de US$1.500 millones debido a un ataque con la participación de un Estado, dejando el 20% de los fondos robados como irrecuperables en cuestión de horas. Este tipo de incidentes ha demostrado que la vulnerabilidad de un proveedor puede traducirse directamente en una brecha de seguridad para nuestra propia organización.

Frente a estas crecientes amenazas, el enfoque hacia la ciberseguridad ha cambiado drásticamente. Ya no se trata de evitar ser atacados, sino de ser resilientes y capaces de recuperarse rápidamente cuando ocurren incidentes. Un dato revelador es que el 99% de las empresas más resilientes cuentan con un directorio activo en ciberseguridad y un Chief Information Security Officer (CISO) con un rol ejecutivo que tiene acceso directo al CEO. La gestión comercial también se ha convertido en un aspecto diferenciador, ya que el 70% de estas organizaciones integra la seguridad en sus procesos de compras. Las lecciones aprendidas son claras: elevar la ciberseguridad a un nivel estratégico, gestionar el riesgo del ecosistema con inteligencia compartida y exigir estándares de seguridad a los proveedores, así como invertir en formación de talento y gobernanza de IA, son pasos cruciales para asegurar la competitividad en esta era digital.

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