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Impacto del cierre del Golfo Pérsico en la economía chilena: un análisis profundo

La reciente amenaza de un cierre del Golfo Pérsico ha generado una ola de inquietud en los mercados internacionales, dada la importancia estratégica de esta región para el comercio energético global. Según Boris Pastén, ingeniero comercial y director de Negocios Internacionales de la Universidad Andrés Bello, esta situación podría tener un impacto considerable en la economía chilena, no solo aumentando los precios de los combustibles, sino también exacerbando la inflación y elevando los costos de producción en diversos sectores. Con el 20% del petróleo mundial transitando por esta área, cualquier interrupción podría desencadenar incrementos de precios de inmediato, afectando en gran medida la economía de países dependientes de importaciones energéticas, como Chile.

El impacto económico de un posible cierre del Golfo Pérsico podría ser significativo y de corto plazo. Pastén señala que el efecto se evidenciará no solo en el costo de la gasolina, sino que se expandirá a la inflación y al precio de los alimentos, así como a sectores clave como la minería, donde los costos de operación pueden verse seriamente perjudicados. La dependencia de Chile del petróleo importado significa que cualquier aumento en los precios internacionales se trasladará rápidamente al mercado local, complicando aún más la situación económica de los hogares y empresas en el país.

La presión sobre el precio de los combustibles se anticipa que será más intensa en este contexto. Un cierre amplio del Golfo reducirá la oferta global de petróleo mucho más que un cierre específico del estrecho de Ormuz, lo que podría dar lugar a un aumento continuo en los precios, sin señales de moderación. Este efecto se puede observar en las recientes alzas en los precios de la bencina, que presagian un aumento inminente con posibles alzas semanales. Así, la economía chilena se encuentra en una encrucijada, donde el precio de los combustibles seguirá siendo un factor decisivo en la economía familiar.

La inflación en Chile podría también superar las proyecciones actuales a medida que el costo de vida aumenta. Tras un aumento del 1.0% en marzo, se estima que el índice de precios al consumidor (IPC) de abril podría llegar a cifras entre 1.5% y 1.6%. Sin embargo, en un escenario de disrupciones más severas en el Golfo, estos números podrían ser optimistas. Un efecto secundario de los aumentos en los costos de energía podría empujar la inflación incluso a niveles próximos al 2%, lo que generaría un encarecimiento generalizado en los gastos mensuales de las familias chilenas.

Finalmente, aunque el cierre del Golfo Pérsico traiga consigo una serie de repercusiones negativas, existe la posibilidad de un efecto positivo en el precio del cobre. Un aumento en la demanda global de energía limpia como respuesta a la crisis energética podría significar un incremento en la demanda de cobre, lo que a su vez podría elevar los precios del metal rojo. Esto podría traer algo de alivio a la economía chilena, que tradicionalmente se apoya en la minería del cobre, ayudando a compensar parcialmente las consecuencias adversas del conflicto en el Golfo. Sin embargo, como bien señala Pastén, los efectos inmediatos sobre la estructura de costos del país, especialmente en términos de combustibles e inflación, son inevitables y preocupantes.

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