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Eficiencia Energética: Clave para la Transición en América Latina

América Latina se encuentra en un momento crucial en su camino hacia la transición energética, un proceso que ha ganado atención en los últimos años y se ha convertido en una prioridad para muchos países de la región. Las recientes inversiones en energías renovables y las estrategias de descarbonización de distintas naciones son promesas esperanzadoras, pero la pregunta persiste: ¿cómo podemos certificar que estos avances son reales? La respuesta se centra en la necesidad vital de medir. En este sentido, la eficiencia energética no solo representa una manera efectiva de reducir el consumo y las emisiones de carbono, sino que su verdadero potencial se encuentra en la creación de un marco de información robusto y confiable que sirva como base para la evaluación y optimización de los resultados alcanzados.

De acuerdo con un informe reciente de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), la región ha progresado en términos de eficiencia energética desde la década de 1990, logrando desacoplar parcialmente el crecimiento económico del consumo de energía. Este avance, aunque notable, es insuficiente para cumplir con los ambiciosos Objetivos de Desarrollo Sostenible, especialmente el Objetivo 7, que aboga por garantizar acceso a energía asequible y sostenible. La CEPAL advierte que la velocidad de esta transición no es suficiente para alcanzar los objetivos fijados, lo que pone de manifiesto la necesidad de redoblar esfuerzos y recursos para asegurar un futuro energético menos dependiente de los combustibles fósiles.

Los desafíos a los que se enfrenta la región no son exclusivamente tecnológicos o financieros; hay un problema de fondo relacionado con la calidad de los datos disponibles sobre el consumo energético. La falta de información adecuada que permita evaluar el desempeño energético de los distintos sectores impide una toma de decisiones efectiva. Para avanzar en este sentido, es esencial contar con sistemas de monitoreo que proporcionen datos precisos y actualizados. Sin datos confiables, los gobiernos y las empresas se ven restringidos en su capacidad para identificar mejoras, priorizar inversiones o demostrar la efectividad de sus políticas, lo que a su vez afecta la atracción de financiamiento y el cumplimiento de los compromisos ambientales.

La tecnología actual ofrece una oportunidad sin precedentes para cerrar esta brecha informativa. Sistemas de monitoreo inteligente, sensorización y plataformas de análisis de datos han transformado la manera en que se puede observar el consumo energético. Lo que antes requería mediciones anuales, ahora permite un monitoreo constante y en tiempo real. Esta evolución no solo facilita la identificación de pérdidas y desviaciones en el consumo, sino que también hace posible la aplicación de decisiones informadas y fundamentadas, impulsando de esta manera una gestión energética más efectiva y basada en evidencia. Es este enfoque el que llevará a la transición energética más allá de un desafío meramente técnico.

Por lo tanto, el debate sobre la energía en América Latina debe ir más allá de las cifras de nuevas instalaciones de energías renovables. Es crucial que la calidad de la información que guía estas decisiones sea focalizada en el centro de la conversación. La verdadera aceleración de la transición energética se producirá cuando logremos traducir los datos en conocimiento y, a partir de ahí, en decisiones que transformen el panorama energético actual. Nunca ha sido tan claro que lo que no se mide no se puede mejorar, y en un contexto donde la eficiencia y sostenibilidad son imprescindibles, el llamado es a intensificar la inversión en datos y su gestión. Para más información sobre este tema, visita www.ayt.cl.

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