La combinación de una menor capacidad para generar ingresos, mayores gastos operacionales y compromisos acumulados puede tensionar el flujo de caja de las pequeñas y medianas empresas (pymes) durante los últimos meses del año, un periodo crítico que podría definir la estabilidad financiera de muchas de ellas. Este desafío se intensifica por la necesidad de cumplir metas comerciales, responder a obligaciones con proveedores y trabajadores, y además afrontar costos que suelen aumentar estacionalmente. Los expertos alertan que la liquidez se convierte en un factor determinante, ya que una desaceleración en las ventas puede rápidamente generar un descalce financiero difícil de sobrellevar, dado que muchas pymes operan con márgenes muy ajustados que no permiten absorber imprevistos con facilidad.
Francisco Goycoolea, gerente comercial de CFC Capital, enfatiza que la planificación es clave en el último trimestre. «La pyme puede aparentar tener buenos resultados en papel, pero si los ingresos tardan en llegar, pueden enfrentar serias dificultades para cubrir sus obligaciones”, señala. Este dilema se agrava con el aumento de los costos operacionales, que, al no poder ser traspasados completamente a los precios finales, estrechan los márgenes de ganancia. En consecuencia, algunas empresas se ven obligadas a recurrir a financiamiento o a utilizar recursos personales de sus propietarios para mantener la operación, lo que puede acentuar aún más la presión financiera.
Para mitigar estos riesgos, CFC Capital aconseja a las pymes elaborar proyecciones realistas del flujo de caja hasta diciembre. Esta planificación les ayudará a identificar semanas o meses donde podrían enfrentar déficits, permitiéndoles tomar decisiones informadas y evitar sorpresas desagradables. Otro consejo es acelerar la cobranza de facturas pendientes y revisar cuidadosamente los inventarios, así como los gastos que pueden ser postergados. La priorización de las obligaciones esenciales es fundamental para mantener el negocio a flote durante esta etapa del año.
Además, los expertos sugieren anticipar las necesidades de financiamiento. Goycoolea advierte que esperar hasta que la situación financiera esté debilitada puede limitar las opciones disponibles y llevar a decisiones costosas. Financiarse no debería considerarse exclusivamente como un signo de problemas; al contrario, cuando hay una planificación acorde, puede ser una herramienta útil para manejar los ciclos económicos de la empresa. Es vital tener claridad sobre para qué se requieren esos recursos y cuál será el tiempo/estrategia para su recuperación, asegurando que las condiciones de pago sean congruentes con los flujos futuros.
Finalmente, se enfatiza que el enfoque no debe limitarse únicamente a cerrar el año. Las decisiones tomadas en este último trimestre son cruciales para asegurar que las pymes comiencen el año siguiente con una estructura financiera sólida y suficiente liquidez. «El objetivo debe ser no solo finalizar 2026, sino hacerlo de tal manera que se tenga capacidad para enfrentar los primeros meses de 2027, garantizando así la operación y el crecimiento del negocio”, concluye Goycoolea. Este enfoque estratégico podría ser la clave para que muchas pequeñas y medianas empresas logren superar este desafío estacional sin comprometer su viabilidad.





