Las actrices Leonor Varela y Angélica Castro han celebrado casi tres décadas de amistad en una entrevista con Revista Velvet, donde comparten anécdotas y reflexiones sobre su vínculo inquebrantable. Desde que se conocieron en 1997, ambas han navegado por diferentes etapas de la vida: matrimonios, mudanzas, maternidad y desafíos personales, construyendo una relación que va más allá de lo superficial. Varela rememora el instante en que se conocieron en un evento, mientras Castro destaca la conexión inmediata que sintieron, debido a sus experiencias similares de vivir en el extranjero y perseguir sus sueños en un medio competitivo.
La amistad entre Varela y Castro se ha forjado en momentos de alegría y dolor. A lo largo de los años, han compartido hitos importantes y han enfrentado separaciones y pérdidas. Angélica comenta que han vivido momentos en soltería, con parejas, como madres y también en momentos difíciles, lo que ha profundizado su lazo. Esta conexión se manifiesta en su nuevo proyecto conjunto, el programa de televisión «Mi segundo tiempo», que aborda temas relevantes para mujeres de más de 40 años, especialmente en un contexto donde ambas enfrentan cambios significativos en sus vidas.
Con la finalidad de derribar mitos sobre la madurez femenina, Leonor y Angélica lanzaron «Mi segundo tiempo» en Canal 13C, justo en medio de sus separaciones personales, buscando ofrecer un espacio de conectividad e información para otras mujeres. En este programa, discuten sobre la carga emocional que muchas mujeres llevan, a menudo invisibilizada por la sociedad. Varela destaca la importancia de reconocer este «peso invisible» que se traduce en responsabilidades cotidianas, subrayando la necesidad de cambiar la narrativa sobre la mujer madura y empoderar a una generación que ha sido históricamente subestimada.
A lo largo de la segunda temporada del programa, ambas actrices exploran, entre otros temas, el fenómeno de la disminución de la natalidad en Chile y los desafíos que enfrentan las mujeres en relación a la fertilidad y las expectativas sociales. Leonor señala que es esencial crear un diálogo que permita a las mujeres compartir sus experiencias y entender que la madurez no es un declive, sino una etapa valiosa de crecimiento y renovación. Esta perspectiva busca romper la idea errónea de que la edad trae consigo una pérdida de valor o relevancia.
Además de sus logros profesionales, ambas mujeres comparten sus nuevas realidades personales. Angélica está en medio de un proceso doloroso de divorcio, mientras que Leonor ha dejado su vida en Estados Unidos para comenzar una nueva etapa en Europa junto a su hija y su pareja. En este contexto, resaltan la importancia del apoyo mutuo y la camaradería que comparten, que se refleja en su deseo de construir una comunidad femenina fuerte y unida. Su historia, cargada de desafíos y triunfos, es un poderoso testimonio del valor de la amistad y el empoderamiento en la madurez.

