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Grafiti: ¿Expresión artística o riesgo para la seguridad pública?

El reciente caso de dos personas que accedieron sin autorización a la losa del Aeropuerto de Santiago con el objetivo de pintar un avión ha desatado un intenso debate sobre la delgada línea que separa la expresión urbana de acciones que comprometen la seguridad pública. Según las autoridades, este tipo de intervenciones no solo representa una clara violación a la normativa de seguridad aeroportuaria, sino que también expone a los involucrados y a terceros a riesgos innecesarios. Este incidente ha puesto de manifiesto la necesidad de establecer pautas claras para diferenciar entre el arte urbano y el vandalismo, así como la importancia de la responsabilidad social en el ejercicio de la creatividad.

La Dra. Miriam Pardo Fariña, académica de Psicología en la Universidad Andrés Bello, sede Viña del Mar, ha compartido su perspectiva sobre las motivaciones detrás de estas conductas arriesgadas. Según su análisis, muchos de los jóvenes que participan en acciones de este tipo buscan un sentido de reconocimiento y pertenencia a un grupo, algo que va más allá de una simple travesura. A menudo, elegir espacios de alta visibilidad y difícil acceso, como aviones o trenes, se convierte en un símbolo de transgresión que aumenta su prestigio entre sus pares. Esta búsqueda de validación social se ve alimentada por el poder de las redes sociales, donde las imágenes de estas acciones pueden recibir atención y admiración.

La Dra. Pardo también ha señalado cinco señales de alerta que padres y cuidadores deben tener en cuenta para identificar conductas de riesgo en los jóvenes. Entre ellas se encuentran las salidas nocturnas sin explicaciones claras, la acumulación de aerosoles y materiales de grafiti, y la frecuente publicación de fotos de intervenciones no autorizadas en redes sociales. Estos indicadores pueden ser una llamada de atención para iniciar un diálogo sobre la naturaleza y las implicaciones de estas acciones. La académica advierte que una comunicación abierta puede ser crucial para prevenir que los jóvenes caigan en patrones de conducta destructivos.

En cuanto a la intervención de los adultos, la Dra. Pardo enfatiza que la prevención debe ir más allá de la vigilancia. Propone que los padres y cuidadores adopten un enfoque proactivo en la supervisión de las actividades de los jóvenes, promoviendo conversaciones honestas sobre las repercusiones de sus decisiones. Asimismo, es crucial diferenciar entre la expresión artística legítima y el vandalismo, explicando las consecuencias legales y sociales de este último. La psicóloga sugiere que se debe fomentar la creación de espacios autorizados para el arte urbano, como talleres de muralismo y proyectos comunitarios, donde los jóvenes puedan canalizar su creatividad sin incurrir en comportamientos riesgosos.

Finalmente, la académica concluye que, aunque es importante sostener que las acciones tienen consecuencias, también existen oportunidades para la reparación y el aprendizaje. Promover formas de expresión artística que no solo no pongan en peligro la integridad de los individuos, sino que también contribuyan positivamente a la comunidad, debería ser el objetivo de padres, educadores y autoridades. Así, en lugar de criminalizar el arte urbano, se pueden establecer alternativas que permitan a los jóvenes involucrarse positivamente en su entorno y desarrollar un sentido de comunidad a través de su creatividad.

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