El erizo negro, conocido científicamente como Centrostephanus sylviae, es una especie endémica del Archipiélago de Juan Fernández que ha experimentado una notable sobrepoblación en los últimos años. Esta situación ha generado un impacto significativo en la pesca local, especialmente en las trampas de langosta, donde la presencia del erizo impide la captura de este crustáceo. Para abordar esta problemática, se ha lanzado el proyecto titulado “Evaluación de la explotación comercial del erizo de espinas largas”, liderado por el Dr. Iván Hinojosa de la Universidad Católica de la Santísima Concepción, con el apoyo del Consorcio Sursubantártico Ciencia 2030 y el proyecto Fondef IdeA I+D 2023.
Desde el año 2014, diversos estudios han evidenciado el crecimiento continuo de la población del erizo negro y su efecto negativo en la biodiversidad del ecosistema marino. Publicaciones científicas recientes, como la del ICES Journal of Marine Science, destacan la urgencia de desarrollar alternativas que permitan mitigar las consecuencias de esta sobrepoblación. En este marco, el proyecto del Dr. Hinojosa busca no solo contener el impacto ecológico del erizo negro, sino también explorar su potencial como recurso comercial, garantizando de este modo una gestión sustentable del mismo.
La investigación realizada por Bianca Mettifogo, estudiante de Biología Marina, ha aportado datos clave sobre la calidad de las gónadas del erizo negro, revelando que estos pueden alcanzar un excelente tamaño y calidad durante la época de desove. Este hallazgo sugiere que, si se maneja adecuadamente, el erizo negro podría competir en el mercado con el erizo rojo, especialmente en términos de características como color y firmeza. Durante el proceso de recolección de muestras, los chefs también han expresado un interés creciente en incorporar este organismo en sus platos, lo que plantea una vía para su posible commercialización.
Los pescadores locales, representados por Daniel González del Sindicato de Trabajadores Independientes de Pesca Artesanal (STIPA), han trabajado junto a los investigadores para inscribir al erizo negro como recurso pesquero en Chile. Aunque ya se ha logrado cierto reconocimiento, el principal reto radica en la inclusión de más buzos recolectores en los registros de pesca artesanal, así como en el óptimo manejo logístico para trasladar las gónadas frescas al continente. Esto es crucial, ya que la conectividad entre Juan Fernández y el resto del país es limitada y representa un desafío significativo para los procesos de comercialización.
La iniciativa del Dr. Hinojosa busca diversificar la oferta pesquera del Archipiélago de Juan Fernández, especialmente en temporada alta de turismo. Durante esta época, la demanda por productos marinos frescos aumenta, lo que representa una oportunidad para posicionar el erizo negro en el mercado gastronómico. Actualmente, se están llevando a cabo conversaciones con la Superintendencia de Pesca para regular la extracción comercial del erizo negro, lo que podría aumentar la participación de buzos y mejorar la diversidad productiva en la región. Con un enfoque colaborativo entre pescadores e investigadores, se espera crear un modelo sostenible que beneficie tanto al ecosistema como a la economía local.





