Cada 22 de mayo, el Día Internacional de la Diversidad Biológica nos recuerda la importancia de proteger nuestros ecosistemas y promover la sostenibilidad. En el año 2026, la Convención sobre Diversidad Biológica lanzará el lema «Acción local para un impacto mundial», convocando a cada territorio a ser protagonista en la conservación de su biodiversidad. Chile, con su riqueza natural y diversidad de biomas, posee una oportunidad única para liderar esta iniciativa, especialmente a través de la investigación sobre recursos genéticos microbianos en sus singulares laboratorios naturales, como el desierto de Atacama y los sistemas geotermales del altiplano.
La metagenómica ha revolucionado la forma en que exploramos el vasto universo de microorganismos no cultivables, conocidos como la «materia oscura microbiana». Este avance es especialmente relevante en los extremos del norte de Chile, donde se han encontrado actinobacterias, arqueas halófilas y hongos endófitos que poseen rutas biosintéticas y genes CRISPR-Cas de gran valor biotecnológico. Esta información no solo aumenta nuestro conocimiento sobre la biodiversidad microbiana, sino que también abre las puertas a innovaciones que pueden contribuir a la conservación y sostenibilidad, impactando positivamente en nuestras prácticas agrícolas y ambientales.
La integración de modelos Genoma-a-Ecosistema (G2E) se posiciona como una herramienta fundamental para vincular los hallazgos genómicos con la predicción de flujos de gases de efecto invernadero. Esto significa que la microbiología chilena podría desempeñar un papel clave en la lucha contra la crisis climática. Mediante el desarrollo de bioinoculantes a partir de cepas nativas, se pueden ofrecer alternativas sostenibles al uso de agroquímicos, promoviendo la resiliencia de los sistemas productivos ante el creciente estrés hídrico derivado del cambio climático.
Sin embargo, a pesar de las oportunidades, Chile enfrenta grandes desafíos en el uso y conservación de su diversidad biológica. La falta de marcos regulatorios que garanticen la soberanía nacional sobre los recursos genéticos dificulta la bioprospección. Además, persiste una brecha significativa entre el descubrimiento científico y la innovación práctica debido a limitaciones en la infraestructura y la colaboración entre el sector público y privado. Esta situación se agrava aún más con el cambio climático, que pone en riesgo los ecosistemas antes de que se logre entender completamente su riqueza genómica.
Actuar localmente implica una serie de medidas cruciales, como el fortalecimiento de las colecciones microbianas nacionales a través de su caracterización y documentación. También se requiere articular redes interinstitucionales y asegurar que la microbiodiversidad sea integrada en las estrategias nacionales de biodiversidad. Solo así Chile podrá no solo cumplir con las metas del Marco de Kunming-Montreal, sino también contribuir a un impacto global positivo forjado desde sus territorios. La necesidad de una acción coordinada y consciente es evidente para preservar nuestra diversidad biológica y aprovecharla de forma ética y equitativa.





