Garantizar la integridad de productos sensibles a la temperatura durante su traslado se ha convertido en una prioridad crítica en la logística de la cadena de frío. A medida que los sectores farmacéutico, alimentario y retail enfrentan crecientes exigencias regulatorias y comerciales, la necesidad de mantener la estabilidad térmica se vuelve vital. Un fallo en la cadena de frío no solo implica pérdidas económicas, sino también sanciones y daños reputacionales que pueden resultar devastadores. Ante esta compleja realidad, las empresas deben ir más allá de la adquisición de tecnología avanzada y comenzar a implementar soluciones integrales que aborden las verdaderas necesidades operativas a lo largo de todo el proceso logístico.
Dentro de este contexto, José Carlos Gómez, director de Ventas LAR Norte de Thermo King, subraya que el desafío comienza justo después de la adquisición de equipos de refrigeración. A pesar de contar con la tecnología más avanzada, la responsabilidad operativa recae en los operadores logísticos, quienes son responsables del mantenimiento preventivo y correctivo, así como de la gestión de cualquier imprevisto que pueda surgir durante el transporte. Esto es especialmente crítico en un entorno donde las operaciones pueden verse afectadas por diversas variables, como el tráfico urbano o climas extremos. Por lo tanto, es esencial contar con sistemas que no solo funcionen, sino que también se gestionen de manera efectiva.
Gómez destaca cinco pilares fundamentales que están transformando la logística de la cadena de frío y asegurando la integridad del producto durante el traslado. Uno de ellos es evitar paros por fallas en los equipos, lo que exige un mantenimiento predictivo. La implementación de tecnologías de monitoreo de temperatura de carga en tiempo real se ha vuelto indispensable, permitiendo a los operadores detectar desviaciones y reaccionar de manera proactiva. Además, la trazabilidad verificable se ha vuelto crucial para demostrar que los productos han estado dentro de los parámetros térmicos adecuados, lo que a su vez ayuda a cumplir con regulaciones estrictas.
Otro aspecto vital para mejorar la eficiencia operativa es la gestión del consumo de combustible y la optimización de rutas. Mantener un control continuo sobre el rendimiento de las unidades de refrigeración puede prevenir ineficiencias y garantizar el uso óptimo de los recursos. Este enfoque integrado permite a las empresas no solo mantener la calidad de sus productos, sino también mejorar su rentabilidad en un mercado competitivo. A medida que el sector avanza, las empresas están adoptando un enfoque más centrado en el desempeño que en la mera propiedad de activos tecnológicos.
Finalmente, muchas empresas están comenzando a externalizar estas responsabilidades hacia proveedores de servicios especializados. Esta transición responde a la creciente necesidad de continuidad operativa y de cumplimiento normativo en un mercado donde los márgenes de error son escasos. Gómez concluye que el foco debe estar en la disponibilidad operativa y en las redes de soporte técnico en lugar de solo poseer tecnología. Con esta nueva lógica, las empresas están invirtiendo en asegurar que cada traslado cumpla con los estándares exigidos, lo que permite una mejor gestión de la cadena de frío en su conjunto y garantiza la integridad de los productos sensibles a la temperatura.





