En el actual escenario tecnológico, la figura de Diego González, CEO de Defontana, cobra protagonismo al abordar la creciente importancia de la inteligencia artificial (IA) en las empresas. Durante años, el debate se centró en cómo automatizar tareas, pero ahora la conversación ha evolucionado hacia un enfoque más profundo: ¿qué desean las empresas que sus empleados hagan con el tiempo que la tecnología les entrega? Este cambio de paradigma es crucial para maximizar el potencial humano y tecnológico en las organizaciones.
La inteligencia artificial ha demostrado su capacidad para procesar grandes volúmenes de información, crear reportes y responder consultas de forma eficiente. Sin embargo, González enfatiza que el verdadero valor de la IA no radica en simplemente acelerar los procesos existentes, sino en liberar tiempo para que los empleados se concentren en actividades que aporten un mayor valor estratégico. Este enfoque es particularmente significativo para las pequeñas y medianas empresas (pymes), donde los recursos son limitados y cada miembro suele llevar múltiples sombreros en las operaciones diarias.
A medida que las organizaciones empiezan a integrar agentes de inteligencia artificial en sus estructuras, el papel de los empleados también evoluciona. Para González, la clave está en aprender a colaborar con estos nuevos ‘integrantes del equipo’, quienes pueden realizar tareas como el monitoreo de información, la preparación de análisis y la detección de oportunidades de manera autónoma. Esta colaboración no busca reemplazar el talento humano, sino reestructurar la carga de trabajo de una manera más eficiente, distribuyendo tareas entre humanos y máquinas.
El liderazgo en el entorno empresarial moderno requerirá nuevas habilidades. La administración de equipos no solo implicará coordinar personas, sino también saber guiar a los sistemas inteligentes. Sin embargo, González advierte que la incorporación de IA no garantiza la transformación empresarial. El verdadero cambio surge de una revisión profunda de los procesos internos y de la identificación de las actividades que realmente aportan valor. Esto demanda habilidades críticas en los empleados, como la capacidad de formular preguntas adecuadas y de interpretar los resultados proporcionados por la tecnología.
Chile se encuentra en una encrucijada emocionante, con la adopción de la inteligencia artificial a la vista como un motor potencial para el aumento de la productividad y competitividad, particularmente para las pymes. La transición no se limita a adoptar herramientas tecnológicas; es un cambio cultural que desafía a las organizaciones a pasar de ser meramente operativas a convertirse en entidades que combinen el talento humano con la inteligencia artificial para innovar y tomar decisiones eficaces. El futuro empresarial en este contexto no es solo una cuestión de rapidez, sino de potenciar el talento hacia lo que realmente importa.





